Federico Nuccetelli | 3 de diciembre de 2013

Ética profesional

Sucede a menudo que necesitamos empezar con un nuevo proyecto sobre algún tema que no conocemos del todo y por esto solicitamos la ayuda a un profesional en la materia (cualquiera sea). En muchos casos, este nos termina vendiendo una solución que supera ampliamente nuestras necesidades iniciales y si bien el producto final puede ser muy bueno, posiblemente a nosotros nos alcanzaba y sobraba con menos de la mitad de lo desarrollado.


Sucede a menudo que necesitamos empezar con un nuevo proyecto sobre algún tema que no conocemos del todo y por esto solicitamos la ayuda a un profesional en la materia (cualquiera sea). En muchos casos, este nos termina vendiendo una solución que supera ampliamente nuestras necesidades iniciales y si bien el producto final puede ser muy bueno, posiblemente a nosotros nos alcanzaba y sobraba con menos de la mitad de lo desarrollado.


Para mejorar el aprendizaje de los alumnos debemos usar imágenes, audio, animaciones y cualquier otra herramienta que nos permita sacar provecho de la tecnología en pos de facilitar y enriquecer la didáctica de nuestros cursos y materiales. Cuando hablamos de E-learning no podemos dejar de lado este aspecto tan importante (aunque en mi opinión personal deberían tenerse en cuenta dichas herramientas siempre y no solo para E-learning).


Muchas veces en nombre de “mejorar” se abusa de la tecnología y los recursos, convirtiendo el material de estudios en “un juego de luces” que es muy vistoso, pero que de didáctico no tiene nada o peor aún, esto empeora y complica al alumno hasta el punto que se pierde el verdadero objetivo del curso. Como profesional dedicado al desarrollo de E-learning, me ha tocado ver esto muchas más veces de lo que imaginan. Lo peor es que en muchos de estos casos fueron desarrollados por empresas que tienen experiencia y capacidad para la realización de estos proyectos, lo cual me lleva a pensar que o bien no hicieron un análisis del usuario final al que va dirigido el curso, o tomaron la decisión de hacerlo de este modo a propósito para hacerlo más costoso.


Sabemos que las empresas que brindamos servicios debemos vender para poder subsistir y es el trabajo del vendedor tratar de vender lo más posible, pero no estoy de acuerdo con que el objetivo sea la cantidad y no la calidad. Creo fervientemente que si recargamos al cliente con costos y funcionalidades extras, es más probable que el proyecto termine fracasando, lo que llevaría indefectiblemente a la perdida de ese cliente. Entonces, a corto plazo, tal vez ganamos un poco más pero a largo plazo seguramente terminaremos perdiendo. No estoy diciendo con esto que no se le puede recomendar al cliente una nueva funcionalidad o mejoras en su propuesta, ya que como profesionales lo correcto es asesorar al cliente, pero siempre y cuando esta propuesta mejore o beneficie la consecución del objetivo.


Los defensores de la venta pura suelen argumentar que se puede anexar funcionalidades sin perjuicio del objetivo final, pero pregunto, ¿qué pasaría si vamos al médico por un resfrío y este nos medica para eso y para fiebre amarilla sin necesitar este último? No nos gustaría verdad, entonces si esperamos (y exigimos) este nivel de responsabilidad y profesionalismo de parte de un médico ¿Por qué nosotros no?


Dejo abierto el debate y ojalá esto sirva para que reflexionemos.







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